ACTOS DE INTOLERANCIA O SIMPLEMENTE VIOLENCIA

Por: Elizabeth Serna Jaramillo

Se dice que el ser humano es violento por naturaleza, lo cual es cierto por el contexto evolutivo a lo largo de la historia, donde el hombre desde que comenzó a caminar erguido se vio empañado por actos de violencia en la defensa de su comida, territorio, posteriormente en la defensa de sus posesiones y luego la lucha por el poder.

Sin embargo, los medios de comunicación masivos han adornado la violencia humana a tal punto que ahora para todo acto de agresión se le adorna con el título de “acto de intolerancia”, maquillando con palabras más suaves nuestros actos hasta el punto de reducir la violencia a intolerancia y esa intolerancia en un común denominador diario, tornándose en paisaje sobre el cual nadie toma acción.

Partamos de las definiciones; intolerancia se define como la actitud de una persona que no respeta las opiniones, ideas o actitudes de los demás si no coinciden con las propias. Mientras que la violencia se define como el uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo. Ahora pensemos por un momento si lo que ocurre en el mundo, en nuestro país, en nuestra ciudad o en nuestro barrio son actos de intolerancia o violencia.

Considero que hemos llegado al abuso de los eufemismos, es decir, el uso de palabras o expresiones más suaves o decorosas con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca. Pero, ¿Qué sentido tiene camuflar la violencia?

La agresión física, emocional, el uso de la fuerza sobre las poblaciones más vulnerables e incluso el auto maltrato constituyen actos de violencia o ¿acaso tenemos un barómetro para determinar hasta qué punto la agresión constituye intolerancia y hasta qué punto se comienza a considerar como violencia?, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a soportar la violencia para tomar acción? Porque al parecer los mal denominados actos de intolerancia solo se consideran como tal hasta que toca nuestra propia puerta, porque a nadie le gustaría que usaran la fuerza contra sí mismo o los seres queridos y la justicia simplemente colocara su pañito de agua tibia argumentando que se trata simplemente de un “acto de intolerancia”.

¡No señor, no señora! La solución a la violencia no la encontraremos cambiándole el nombre, la solución a la violencia parte de una conciencia profunda del lugar que ocupo en el mundo para comprender que el otro también ocupa un lugar importante y que por más que difiera de sus pensamientos o ideales, por más que desee sus bienes (lo que de por sí estaría mal), no tengo ningún derecho de pasar por encima, utilizando la fuerza para querer imponer mis ideales o para obtener lo que no me pertenece.

Ya han pasado muchos años desde que se abolió la esclavitud en el mundo y a pesar de ello seguimos siendo esclavos de la ambición y el poder, cambiamos nuestras cadenas para encerrar nuestras mentes hasta reducirlas al pequeño espacio del egocentrismo, olvidando que somos parte de un todo y aunque nuestro paso por el mundo dure sólo un instante, nuestras acciones permanecerán.

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