ENTRE COLOQUIOS Y PARLACHE

Por: Elizabeth Serna Jaramillo

[…] Hombre; no vengo a que me des posada tan solamente: ¡vengo mandao por el Maestro a que nos largués la Muerte unos días, porque vos la tenés de pata y mano en algún encierro!” “Lo que menos, su Mercé –dijo Peralta-. La tengo muy bien asegurada, pero no encerrada; y se la presto con mucho gusto, con la condición de qui a yo no me haga nada”. “¡Contá conmigo! –Le dijo San Pedro-” (Tomás Carrasquilla, En la diestra de Dios padre)

Colombia es un país de regiones y para cada una se ha desarrollado una cultura inherente a las tradiciones y manifestaciones humanas de cada región. En este contexto, se originan los coloquialismos como una palabra o frase utilizada esencialmente en la producción oral y aunque no pertenezca de forma exclusiva a algún sector económico o clase social, es evidente que su uso es de carácter informal.

Entre palabras como cháchara, a la guachapanga, emberracarse, chiripa, pachanga, tacaño, zurrón, entre otras, se evidencia un sinnúmero de manifestaciones propias de nuestra cultura, expresando además variedades étnicas, costumbres e incluso paisajes, climas y gastronomía.

Uno de los ejemplos particulares de las definiciones de acuerdo a cada cultura, es la palabra “charro”. Se considera que su origen se remonta a los campesinos y jinetes de la región de Salamanca en España, a quienes se les llamaba charro para referirse especialmente al atuendo que utilizaban puesto que era recargado y considerados por algunos como de mal gusto. Esta palabra se transportó hasta México para dar nombre a los sombreros de gran tamaño, muy útiles para sobrellevar el fuerte clima soleado de los valles y desiertos de este país. Sin embargo, cuando llegó a Colombia se encuentran variaciones, si un rolo o un santandereano dicen charro es aburrido. Mientras que en Pasto, es sinónimo de ordinario pero, en Cartagena tiene otro matiz, donde se le dice charro a alguien que está borracho. Por el contrario, charro, para los paisas significa chistoso, de buen humor, incluso puede ser frase de cortejo.

El otro lado de la moneda, en términos de tradición oral ajustada a la cultura, es el parlache, originalmente perteneciente a un círculo reducido de jóvenes en la ciudad de Medellín, sin embargo, en la actualidad se ha incluido una definición en el Diccionario de la lengua española DRAE como una “jerga surgida y desarrollada en los sectores populares y marginados de Medellín, que se ha extendido en otros estratos sociales del país.”

Palabras como gorila, muñeco, perro, peye, asao, achantado, amurado, sisas, paila, cacho, cucho, fufa, grilla, piraña y muchas más han llegado a constituir campos de estudio completo para investigadores que incluso han realizado compilaciones del uso de estas palabras para estructurar diccionarios del parlache.

Una de las palabras de parlache más utilizada por todas las clases sociales en Antioquia es la palabra “parce” o “parcero” que en términos generales significan lo mismo: amigo. Sin embargo, su origen es un tanto incierto. Algunas personas indican que esta palabra viene del portugués “Parceiro” que significa socio, utilizado también para referirse a los amigos y personas cercanas. Sin embargo, es incierto cómo llegó esa palabra hasta nuestro país, especialmente hasta nuestras verdes montañas.

Otras personas indican que el origen de la palabra parcero viene del español “Aparcero” o “Aparcería”, términos que hacían referencia a un contrato por el cual un propietario de una tierra (cedente aparcero) entregaba a otra persona (cesionario aparcero) la explotación agrícola de la misma a cambio de un porcentaje de las ganancias. De esta forma, al ser Antioquia una región fértil para la agricultura se podría entender el extendido uso de la palabra aparcero para incluirle lazos de amistad y evolucionar hasta lo que se utiliza hoy: parcero.

Entre coloquios y parlache, ¿cómo se comunica usted?

 

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