MEDELLÍN ENFERMA

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Por: Camilo A.B.

Aunque la historia nos muestra un pasado de agobiante violencia, sin misericordia para los habitantes de Medellín que tienen que sufrir bajo la impotencia de no poder hacer nada más que aguantar y ver la delincuencia un triste paisaje la situación no está mejor: Las bandas criminales fueron la evolución (o una terrible involución para la sociedad) de los carteles y mafias y se fortalecieron con el paso de los años en complicidad intrínseca de varios gobiernos y dirigentes políticos, cosa que aunque es repetitivo y cuento viejo ¡no para!

La negligencia del sector público, la falta de oportunidades y la ignorancia obligada a la que nos tienen sometidos por “falta” de presupuesto o más bien de convicción, son apenas síntomas, graves, pero no de fondo de la enfermedad que aqueja a Medellín. El odio, la intolerancia y la violencia ya naturalizada desembocan en muerte, terror y miedo. ¿Qué solución se ve en el futuro cercano para ésta situación? Haciendo siempre lo mismo desde las alcaldías no conseguirán un resultado diferente.

La educación, los valores y las oportunidades de empleo serán buenos intentos si se implementan de forma ordenada y equitativa. La obligatoriedad educativa debe preservarse y la cultura ciudadana fomentarse. ¿Qué saben los gobernantes de su población en condición de vulnerabilidad? No mucho y lo que saben se basa en investigaciones costosas pero superficiales. ¿Qué hacen los niños cuando no están estudiando? Las relaciones familiares y el tiempo de ocio son factores clave para cuidar nuestros infantes.

La tarea es de todos y es importante no sólo reflexionar en la comodidad de las redes sociales, sino también en momentos de tensión donde la violencia llama, para demostrarle a ella que somos mejores y que una de las enseñanzas que agradecemos a nuestros seres amados es que el amor y la tranquilidad valen mucho más que un acto inconsciente de violencia y brutalidad.

La delincuencia siempre será una elección, por adversa que sea la situación tenemos siempre varios caminos, con ésto dicho no debe haber excusa para delinquir más que por decisión propia, asumiendo esa responsabilidad cuando llegue el momento, porque toda acción trae una reacción y en ésta ocasión puede ser mortal. Si la regla de vida fuera vivir en pleno respeto y que éste sea recíproco, la violencia no tendría lugar en un plano donde nos definimos cómo seres racionales y civilizados.

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